lunes, 28 de junio de 2010

EL ESTRÉS

Me enterraba una montaña de informes para tramitar antes de fin de mes por culpa de mi jefe, que se empeñaba en hacerme la vida imposible dándome más trabajo debido a los últimos recortes de personal; todo ello hizo que perdiese el apetito progresivamente y que las ojeras me llegaran al ombligo.

Total, estaba sufriendo el típico cuadro de estrés con el cual no podía continuar, lamentablemente no incluyen este estado como plus en la nómina, así que decidí mitigar los efectos apuntándome a un gimnasio.

Según entraba a los vestuarios me topé con la clásica que se pasea por las taquillas tal como la trajo al mundo la madre que la parió, mostrándonos su cuerpo exento e ignorante de celulitis, con una mirada que revela lo orgullosa que está de conocerse a sí misma, todo acompañado del exagerado movimiento de pelo como si estuviera promocionando el nuevo champú Herbal Essences.

Por fin conseguí meterme en el modelito sin llegar a parecer una morcilla de Burgos y me dirigí a la sala de maquinas. Al llegar me sentí un pelín intimidada, quizás porque mi atuendo era más parecido al uniforme de deporte del colegio mientras que la gente iba superpreparada como si fuera a salir por la noche… "¡que voy hacer deporte, no a desfilar en Cibeles!".

Según me subí en la cinta para correr, percibí a mi derecha una chica anatómicamente perfecta que consiguió desmoralizarme más y mas a cada paso que daba en la máquina, así que tomé la determinación de cambiar de aparato para no sumar a mi estado de estrés un cuadro de ansiedad.

Mire el reloj y tras media hora me sentía cansada, agotada, sudorosa y aún no había hecho ningún tipo de ejercicio, ¿Quizás con sólo venir, no…?

1 comentario:

  1. "al llegar me sentí un pelín intimidada, quizás porque mi atuendo era más parecido al uniforme de deporte del colegio"

    jaja, di que sí, viva el chandal azul con rayas blancas a los lados, abajo las mallas para leer los labios y marcar chicha!

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