viernes, 11 de junio de 2010

INFANCIA

Si tuviese una máquina del tiempo para viajar a una etapa anterior de mi vida, esta sería la infancia. Recuerdo cuando mi padre nos construyó una casa de madera para jugar, y mi madre, para darnos una lección de vida, nos regaló un kit de limpieza muy completo, añadiendo: "ahora esto os parecerá un juego, pero en un futuro será desgraciadamente vuestro instrumento de trabajo en el hogar, no olvidéis este momento y disfrutadlo". Y claro, como todavía no teníamos la neurona femenina desarrollada, pasábamos los días limpiando la dichosa casita como si fuese el Buckingham Palace.

Otros recuerdos que vuelven a mi memoria eran los juegos infantiles como "el escondite", sorteando quien la quedaba con el famoso "pito-pito-gorgorito dónde vas tú tan bonito....", o el "pollito inglés", que no entiendo que tiene que ver un pollito con quedarse quieto, "tieso". Después de esta reflexión, creo que en aquellas tierras será mejor pedir conejo para comer. También jugábamos al "teje", que provocaba las típicas peleas callejeras con las vecinas para coger el mejor recuadro; " el conejo de la suerte", que no tenia gracia si en el grupo no estaba el niño que a ti te gustaba...; "al cielo-cielo-voy" donde tus compañeras de clase aprovechaban la oportunidad para pagar sus frustraciones con tu espalda y tus riñones...hiijaa puuuutaaa!!!!!!!.

Continuando con los recuerdos, también estaban las fiestas de disfraces de la urbanización, mi madre vestía a mis hermanas de princesas y a mí de pastorcita, y os estaréis preguntando… ¿por qué ellas van de "súper infantas" y yo de abuela de “fabada asturiana”?¿yo que soy, la parienta pobre? Mi madre con toda su buena intención me decía: " -es que con lo morena que eres de piel y el pelo tan negro, no pegas de princesa, de pastorcita estas mas graciosa-", y yo le decía “- ¿y la princesa Yazmín qué? Pues no vi yo que Aladdín le hiciera ascos...-“

Sin duda uno de los mejores momentos era la época de las navidades, el día de reyes, cuando nos hacían acostarnos temprano con la ilusión de que al día siguiente el salón estaría repleto de regalos (lo que no sabía por aquel entonces era que mis hermanos mayores eran los encargados de montar la casita de la Barbie y vestir al Nenuco con todos sus complementos). Esa mezcla de sentimientos, de bajar medio dormida la escalera de mi casa, abrir la puerta del salón y ver todos aquellos regalos sin saber que todo era obra de mis padres, esa sensación… era increíble.

Mientras espero a que inventen esa maravillosa máquina del tiempo, recurriré a mis recuerdos para viajar al pasado y a mi imaginación para recrearme en ellos.

2 comentarios:

  1. Me encanta, se nota que debes ser periodista, he recomendado el blog a un par de amigos!

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  2. (¿por qué ellas van de "súper infantas" y yo de abuela de “fabada asturiana”?)

    jaaaa buenisimo!

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